sábado, 26 de enero de 2019

Tenencia compartida


(Dos personajes, un hombre y una mujer. Rondan los treinta años).

(Suena el Nocturno Op 9 Nro 2 en mi menor de Chopin.
Es de día, los ventanales dan a un espacio verde, montañas a lo lejos.
Ella está frente a la estufa leña apagada. Tiene en la mano y observa un pequeño portarretratos que contiene una foto de ambos.
Él parado a unos metros, la mira a ella que le da la espalda).

EL: No puedo seguir hablando si no me mirás.

ELLA: Para decirme que ya no me amabas no necesitaste que te mirara.

EL: Me lo preguntaste virtualmente. Y no te iba mentir. Parecías querer escucharlo en ese momento. 

ELLA: No creo que nadie que aún ame al otro quiera escuchar algo así nunca. De todos modos me deberías haber citado si era algo tan importante. Diez años no pueden acabarse por computadora.

EL: Veníamos muy mal, no fue que se acabó ahí.

ELLA: Pero eso no lo esperaba. Teníamos problemas, muchos, creí que los estábamos intentando solucionar. Por eso planteé los tiempos para pensar. Pero eso era nuevo. Nunca nos planteamos que se hubiese ido el amor, aunque estuviésemos en crisis.

EL: Fue la manera que encontré, se dio así.

ELLA: Fue lo más duro que escuché en mi vida. Y no lo escuché. Lo leí en un chat. Es demasiado cobarde. E injusto.

EL: Sí. Perdoname.

...

EL: Me gustaría que tuviésemos un hijo. 

ELLA: Sin amor?

EL: Yo te amo, pero de otra manera. Y quiero tener un hijo con vos. Quiero que tenga tus genes.

ELLA: Para qué, si ya no los querés?

(El llora)

EL: Te quiero mucho. Y quiero que estemos unidos para siempre.

ELLA: Es un pensamiento muy egoísta. Cómo sería? Yo seguiría sacrificando mi tiempo por tus deseos, como siempre.

EL: Lo cuidaríamos entre los dos, algunos días cada uno.

ELLA: Es una locura. No puedo. Y no quiero.

EL: Me gustaría haber podido solucionar todo lo que no funcionaba, mientras estábamos juntos. 

ELLA: Es tarde.

EL: Ya sé. Ahora te hiciste fuerte.

ELLA: Sí...

EL: Cambiaste muchas cosas. Por qué no pudimos cuando estábamos juntos?

ELLA: No sé. Ahora lo tuve que hacer. Para sobrevivir.

(El llora)

ELLA: Pero es bueno esto que pasó. Ahora puedo ser tu amiga, porque se me fue el amor a mí también. Al principio era imposible. Pero ahora no. Sos mi familia. Contás conmigo para siempre. Me gusta. Pero no puedo tener un hijo con vos. No quiero seguir cuidando gente. Me tengo que cuidar a mí. Es un momento mío. Al fin. Además no confío... no pudiste ni con tu perra, me tuve que hacer cargo yo.

EL: Es diferente.

ELLA: Era tu responsabilidad. Y no la tomaste. Siempre elegís lo que te conviene a vos. Te parás desde tu ombligo.

EL: Soy un egoísta.

...

EL: Yo sigo haciendo el duelo.

ELLA: Con tus tiempos particulares.

(Se sonríen)

EL: Seguís siendo un búho sabio de ojos enormes e inteligentes, pensante y reflexivo; y yo un pajarito infantil que salta para todos lados sin parar y sin detenerse a focalizar en nada. Me gustaría aprender a meditar.

(Sonríen de nuevo)

ELLA: Hay cosas que nunca cambian.

EL: Extraño todo. Me remueve mucho venir acá.

ELLA: Es parte del proceso. Pasa que lo hacés a destiempo, salteado, en etapas raras.

EL: Todo me pone triste. Cada recuerdo.

ELLA: Imaginate yo... que fui la que me tuve que quedar. Pero lo lloré de corrido. Tres meses sin parar. Creía que me iba a deshidratar, que no se me iba a pasar nunca. Pero no.

EL: Yo lloro sólo cuando te veo o hablo con vos

ELLA: Te hacés la terapia conmigo. Te debería cobrar. Igual ahora ya puedo escucharte. Sin problemas. Me podés contar todo lo que quieras.

EL: Perdoname. Por todo. Por no haber logrado hacerte feliz. 

ELLA: Yo era feliz. A mi manera, con las limitaciones que nos poníamos para salvar la relación. Pero lo elegía. Quería que estuviéramos juntos hasta ser viejitos. Tener nietos, viajar, hacer teatro.Todo quería.

EL: Yo sé. Pero no estaba bien. Y no se puede quedar todo igual cuando algo no está bien. 

...

EL: Me voy.

ELLA: Sí.

(Se abrazan largo rato. El no para de llorar y le dice al oído que la quiere mucho. Sale)




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