lunes, 27 de julio de 2020

Todos tenemos un platónico

Sabía que estabas, llegué y te fuiste. Como de costumbre. Sé que te incomodo. Que te provoco nervios. Es muy lindo. Me divierte, me gusta cómo me no-mirás. Es hermoso verte trastabillar. Vos, el más inteligente, de pronto cuando llego yo, no parás de hablar pavadas. No dejo de pensar en aquella noche que nos tocó compartir el asiento trasero de un taxi. Cada vez que te veo recuerdo eso porque me encanta y no lo quiero olvidar jamás. Nunca imaginé algo así, y de pronto, ahí estábamos, en ese espacio con mampara, viajando por la rambla, sentados, pegados, y me mirabas. Y yo pensaba "No va a ser capaz. Esto es un divague, no está pasando" Y pasó. Lo recuerdo y se me pinta una sonrisa gigante en la cara. Estaba muy borracha y bajé de ese auto a las carcajadas por la situación, sin parar de reírme en el ascensor ni aún habiendo entrado a mi casa. No te dije para venirte conmigo porque no me animé. Porque las consecuencias podían ser gigantes.Y porque con ese beso me alcanzaba para guardarlo siempre en mi cajoncito de cosas raras y bellas que nos deja la vida.