sábado, 26 de enero de 2019

Tenencia compartida


(Dos personajes, un hombre y una mujer. Rondan los treinta años).

(Suena el Nocturno Op 9 Nro 2 en mi menor de Chopin.
Es de día, los ventanales dan a un espacio verde, montañas a lo lejos.
Ella está frente a la estufa leña apagada. Tiene en la mano y observa un pequeño portarretratos que contiene una foto de ambos.
Él parado a unos metros, la mira a ella que le da la espalda).

EL: No puedo seguir hablando si no me mirás.

ELLA: Para decirme que ya no me amabas no necesitaste que te mirara.

EL: Me lo preguntaste virtualmente. Y no te iba mentir. Parecías querer escucharlo en ese momento. 

ELLA: No creo que nadie que aún ame al otro quiera escuchar algo así nunca. De todos modos me deberías haber citado si era algo tan importante. Diez años no pueden acabarse por computadora.

EL: Veníamos muy mal, no fue que se acabó ahí.

ELLA: Pero eso no lo esperaba. Teníamos problemas, muchos, creí que los estábamos intentando solucionar. Por eso planteé los tiempos para pensar. Pero eso era nuevo. Nunca nos planteamos que se hubiese ido el amor, aunque estuviésemos en crisis.

EL: Fue la manera que encontré, se dio así.

ELLA: Fue lo más duro que escuché en mi vida. Y no lo escuché. Lo leí en un chat. Es demasiado cobarde. E injusto.

EL: Sí. Perdoname.

...

EL: Me gustaría que tuviésemos un hijo. 

ELLA: Sin amor?

EL: Yo te amo, pero de otra manera. Y quiero tener un hijo con vos. Quiero que tenga tus genes.

ELLA: Para qué, si ya no los querés?

(El llora)

EL: Te quiero mucho. Y quiero que estemos unidos para siempre.

ELLA: Es un pensamiento muy egoísta. Cómo sería? Yo seguiría sacrificando mi tiempo por tus deseos, como siempre.

EL: Lo cuidaríamos entre los dos, algunos días cada uno.

ELLA: Es una locura. No puedo. Y no quiero.

EL: Me gustaría haber podido solucionar todo lo que no funcionaba, mientras estábamos juntos. 

ELLA: Es tarde.

EL: Ya sé. Ahora te hiciste fuerte.

ELLA: Sí...

EL: Cambiaste muchas cosas. Por qué no pudimos cuando estábamos juntos?

ELLA: No sé. Ahora lo tuve que hacer. Para sobrevivir.

(El llora)

ELLA: Pero es bueno esto que pasó. Ahora puedo ser tu amiga, porque se me fue el amor a mí también. Al principio era imposible. Pero ahora no. Sos mi familia. Contás conmigo para siempre. Me gusta. Pero no puedo tener un hijo con vos. No quiero seguir cuidando gente. Me tengo que cuidar a mí. Es un momento mío. Al fin. Además no confío... no pudiste ni con tu perra, me tuve que hacer cargo yo.

EL: Es diferente.

ELLA: Era tu responsabilidad. Y no la tomaste. Siempre elegís lo que te conviene a vos. Te parás desde tu ombligo.

EL: Soy un egoísta.

...

EL: Yo sigo haciendo el duelo.

ELLA: Con tus tiempos particulares.

(Se sonríen)

EL: Seguís siendo un búho sabio de ojos enormes e inteligentes, pensante y reflexivo; y yo un pajarito infantil que salta para todos lados sin parar y sin detenerse a focalizar en nada. Me gustaría aprender a meditar.

(Sonríen de nuevo)

ELLA: Hay cosas que nunca cambian.

EL: Extraño todo. Me remueve mucho venir acá.

ELLA: Es parte del proceso. Pasa que lo hacés a destiempo, salteado, en etapas raras.

EL: Todo me pone triste. Cada recuerdo.

ELLA: Imaginate yo... que fui la que me tuve que quedar. Pero lo lloré de corrido. Tres meses sin parar. Creía que me iba a deshidratar, que no se me iba a pasar nunca. Pero no.

EL: Yo lloro sólo cuando te veo o hablo con vos

ELLA: Te hacés la terapia conmigo. Te debería cobrar. Igual ahora ya puedo escucharte. Sin problemas. Me podés contar todo lo que quieras.

EL: Perdoname. Por todo. Por no haber logrado hacerte feliz. 

ELLA: Yo era feliz. A mi manera, con las limitaciones que nos poníamos para salvar la relación. Pero lo elegía. Quería que estuviéramos juntos hasta ser viejitos. Tener nietos, viajar, hacer teatro.Todo quería.

EL: Yo sé. Pero no estaba bien. Y no se puede quedar todo igual cuando algo no está bien. 

...

EL: Me voy.

ELLA: Sí.

(Se abrazan largo rato. El no para de llorar y le dice al oído que la quiere mucho. Sale)




miércoles, 23 de enero de 2019

Nombres internacionales

Mercenario egoísta y de izquierda al mismo tiempo. Me gusta. Hay algo que me seduce de ese vocabulario empresarial, que tangencialmente habla de arte con mucha propiedad y buen gusto. Refinado a tu manera, excelente y cómo, en todo aquéllo. Un humor que pocas veces comprendo. Pasiones inmersas y cruzadas con agendas ocupadas, a puro viaje. Imparable. Muy divertido. Yo enamorada por un rato de todo lo que encuentro en todas partes, puedo ver algo adictivo en vos. Entonces te doy la confianza que a casi nadie, elijo en esta etapa compartirte bastante de mi intimidad, mis secretos, mi tiempo. Aprendo, observo, me replanteo cosas y reafirmo tantas otras. Hasta donde podés vas, y lo tomo. Hasta donde puedo voy, y no exigís nada. Me hacés bien.

Reír todo el tiempo

No quiero reír todo el tiempo. El mundo no está hecho como para eso. Nada funciona bien. Me daría  pudor vivir así, llena de alegría como todos pretenden y celebran. Y claramente además, no sería honesto ni real. No soy así. Me pesa y me afecta todo lo que veo. Aunque yo conmigo y ahora más que nunca esté en paz, y todo lo que tengo al rededor y he recibido, construido, y decidido, me haga sentirme alguien sumamente plena, feliz y por demás afortunada. Pero hay tanto por hacer.Y sin embargo todos anestesiados. Quiero poder estar seria, sentir los dolores, comprenderlos, empatizar con los grises. Nunca había estado cerca del peligro, o al menos no conscientemente. He tenido mucho miedo, en situaciones de impotencia, los aviones, las tormentas, pero sé que son fobias irracionales y que seguramente no es que esté por pasarme nada malo ni grave realmente en esos momentos. Sin embargo nunca había visto un arma de cerca. Nunca me habían apuntado. Y llegó ese día. Estábamos estacionando y se baja ella antes que yo. No me había quedado bien el auto así que sigo adentro del auto, lo vuelvo a prender para alejarlo unos centímetros del garaje el cual estaba tapando con la rueda, y siento que a mi amiga la empujan contra uno de los vidrios y por el retrovisor veo esa primer escopeta de doble caño mientras Sofi sale corriendo y empieza a gritar muy fuerte, sin parar. La persiguen. La tiran a la vereda. Los vidrios tenían gotas porque había llovido mucho así que no logro ver mucho más. Por el lado del acompañante alguien entra hacia mí, cuando abre la puerta veo de cerca el arma. Le digo "llevate todo" mientras sigo escuchando gritos. El hombre agarra las cosas del asiento y sin decirme nada sale. No recuerdo si dejó la puerta abierta o cerró, no me acuerdo de su cara o vestimenta. Yo me quedo quieta, sé que cualquier movimiento puede generar un malentendido o un nerviosismo en mi asaltante, así que dura y sin saber qué hacer, rezo para no sentir ni escuchar disparos. Los gritos son incesantes, agudos, tan fuertes. Ahora el que estaba conmigo va hacia ella y el otro, pero no logro ver qué pasa. No sé qué hacer, si bajarme, si apagar el auto, si acelerar e irme, sigo inmóvil imaginando las peores cosas. No sé si la hirieron o si se la están llevando, o si nos van a matar por haberlos visto tanto rato, o qué. De pronto la veo aparecer caminando hacia el auto, por el lado del acompañante, entra. No sólo está viva, y sola. Sino además con su bolso en mano.  No entiendo nada realmente. Me dice que se fueron en otro auto, que había un tercer cómplice esperándolos a que terminaran el asalto y huir. No comprendo cómo está acá conmigo luego de todo ese escándalo ni cómo logró que no le robaran nada. La hija de puta luchó. Se aferró a sus cosas gritando y pateando y pudo contra dos tipos armados que se terminaron yendo (sólo con mis cosas) porque empezaron a salir los vecinos ante tanto bullicio. Quedamos rato desencajadas. No podíamos hablar ni preguntarnos ni respondernos nada. Sofía llamó al padre para que la viniera a buscar. Yo llamé a denunciar todas mis cosas, y me quedé sola en casa.

Hemos vuelto a nacer. Mucho para pensar y valorar. Mucho para reflexionar sobre este mundo en que a veces pienso que si nada fuera de nadie, y todo de todos, no sería necesario robar. No tengo ganas de reír. Aunque mañana esté contando la anécdota de manera tragicómica y todos a mi al rededor se rían. Es lo que siempre hago. Sin embargo, tengo muchas ganas de estar seria y no ser ningún payaso simpático buena onda por unos días. Y no es sólo por este episodio de tanta violencia. Es porque hay cosas que están muy mal. Y hay que poder transitarlas y asumirlas.

Necesidades, o no.

Me entregué, te necesité y no estabas; eso creí. Sin embargo sólo era verdad la parte en que no estabas. La realidad es que no te necesité, y mi entrega es siempre un invento. Pero me hubiese gustado tanto que aparecieras, y también jugar a que fueras esencial. Tal vez lo hubieses sido, podía darte la oportunidad; sé construir esos castillos. No importa. Lo único que hago en esta etapa y sin parar, es aprender. Puras lecciones. La parte mala es que tienen consecuencias. Entonces repienso todo, vuelvo al centro. Y me desapego. No es un adiós pero sí un freno. Qué lástima.

martes, 22 de enero de 2019

Roma

Y entonces el capítulo que merece tanto en este momento y no ha recibido nada. Ambiguo. Estimulante. Me ponés a trabajar, me inspirás. Es Cuarón el que nos une en primera instancia. Desde lejos, por separado. Fui por vos, aunque ya querìa. No la voy a olvidar porque es la primera que veo en la nueva cinemateca. Una experiencia tan fuerte. Inesperada. Gracias. Me quedo contigo, limpié el cajón de sinsabores pasados y hoy, te abro un canal de escritura, aunque de alma te vengo dando ese espacio hace semanas.

Los 22

Cada vez que ha llegado ese dìa del mes, desde la separación en junio, hay claves fuertes, quiebres, señales. Cambios. Estoy atenta porque además de que lo he leído en varios estudios sobre los duelos y me lo ha dicho cuanto psicólogo he visitado, son sensaciones tan claras, que parece ciencia ficción. A veces para mal, a veces para bien. Ha habido altibajos pero desde setiembre venía en subida. Hoy, primer mes de un año nuevo, no fue así.

Anoche te acostás sintiendo una paz inusitada, un enamoramiento hacia la vida, la ciudad, las personas, y hoy al amanecer todo es diferente. "La vida es más compleja de lo que parece" canta Drexler y te dormiste escuchándola repetidamente. Se resignificaba una y otra vez, parecía que te la cantaban a vos, se la cantaste luego a otros.
Temprano en la tarde mandaste ese mensaje importante después de tanto tiempo y no hubo respuesta. Eso influye seguro en tu estado de ánimo gris que se contradice con el sol que brilla fuerte afuera en esta mañana de enero. Hoy al despertarte con toda esa amargura, vas al calendario. Y sí. Es 22.

Varios duelos pequeños ha habido dentro del grande, y este tuyo, es creo el más significativo.
¿Por qué no me cuidaste, por qué no me explicaste, por qué no quisiste que fuera a esa obra en la que compartíamos algo tan íntimo? ¿Qué te hizo arrepentirte a último momento? Dudas que venían revoloteando fuerte. Pero nunca habías dejado algo sin responder. Y ayer sí.

 Hoy sentís que es momento de cerrar. Sacar la carta del fondo de pantalla, no ver más ese angel, sacarle tu letra de imprenta a mi día a día. Agradezco mucho haberla recibido (aunque ni siquiera me la hayas dado en mano, ahora que pienso, desde mi cumpleaños no volví a verte en persona) porque sin duda era templanza algo que yo necesitaba y mucho. Tu sabiduría fue siempre enorme. Pero si no viene acompañada del ser humano atrás, la foto no tiene más sentido y duele, así que decido poner un punto. No me gusta, siento que había muchas posibilidades en nuestro juego. Pero me vas demostrando que tal vez sea el momento de soltarte.

martes, 15 de enero de 2019

Por què escribe uno

Para aprender a callar. Mi intensidad es tal que no hay persona capaz de recibir todo lo que tengo para decir, ni sostenerme el ritmo.


Inconclusiòn

Era un enero de arcoiris y yo leía sin poder escribir. Me habían enseñado sobre el deseo y ya no creía en el amor. Me gustaba ser a la que le decían vamos al Everest y arrancaba sin pensarlo. No tenía nada que perder. Entonces fui a tu obra entonces te vi entonces empezó todo.

Repentina intimidad

Hola tú. Que apareciste en la fecha y en el lugar menos esperados. Te percibí esa misma noche y te encontré días más tarde, gracias a ella, qué ingeniosa. Nos apuró, pero la distancia nos jugó a favor. Y ahora, acá, de pronto tan cerca. Ya no hay barreras, y entonces... sin saber para dónde agarrar. Tu formalidad, que no es tal pero sí, las familias entrelazadas, las vidas tan distintas y no tanto, las raíces en común. El enigma. Qué hacer con todo esto, qué pasos dar, dónde frenar. Ahí estamos en ese limbo que se intensifica por momentos y afloja en otros. Días enteros pensando en esto, planes cambiados, objetivos dudándose. Las vueltas de la vida son inesperadas, pero esta... nunca la imaginé.

Lo prohibido

Disfruto mucho del juego y confirmo su respeto en cada aparición. Es esporádico y va perdiendo ingenio y esmero (sí, porque cuando algo sucede, merma la búsqueda que lo precedió), sin embargo es tanta su belleza y tan imposible la concresión real, que guardo y atesoro con fuerza el secreto y el recuerdo de aquella noche, en que todos los límites se cruzaron para ya nunca poder volver atrás. Me encanta saber cómo es su cuarto y sus maneras, su gato, su luz apenas puesta hacia abajo. Ahora se comenta, de películas, de fotos y canciones, e intenta él siempre la reincidencia, que he decidido no sucederá. Lograda la distancia, la posibilidad de diversión desde lejos aumenta, así como la confianza para intercambiar sonrisas más seguido.

Despedida

Están sentados a la mesa, cenando, como cada noche de aquél viaje que tanto soñaron.
Él la mira y nota algo diferente, o en realidad similar a las últimas veces en que la ha observado, y no se ha atrevido a preguntar. Hoy siente la necesidad de saber. De todos modos no habla, porque teme que la respuesta sea aún peor de lo que imagina. Ella no levanta la mirada en toda la velada. Tampoco se anima. Ambos saben en el fondo, que esta será la última.

El entre

Entendí cuál es la hora que más me gusta. Se encuentra entre el momento en que se puso el sol, hasta que oscurece por completo. Mi alma revive allí, renace. Puedo con todo lo que sea, en ese lapso, que no sé cuanto dura, y es tan mágico.

Sin. Explicación.

Me hubiese gustado.
Saber.
Qué pasó.

Era un pacto.
De libertad.

 No era necesario.
 Huír.

Hubiese entendido.
Lo que fuera.

Pero preferiste.
Esto.

Entonces saco.
Las conclusiones.
Que puedo.


lunes, 14 de enero de 2019

Memoria

Esperando tu jugada intento agarrarme de detalles, los que logro recordar con nitidez y que de alguna manera me sorprendieron o marcaron, y otros más lejanos o incompletos. Pero no es fácil, se me van desdibujando poco a poco. Entonces alguna cosa invento para darles forma y que no se me evaporen del todo. Hago fuerza, para sostenerlos y para descubrir nuevas señales. Porque quiero conservarte. Todavía pienso que vale la pena seas parte de mi vida; te quiero aquí. Veré hasta dónde puedo tirar de este hilito cada vez más fino y frágil.

jueves, 10 de enero de 2019

Pedidos (Monólogo. Ciclo Teatro breve)



(Entra una chica vestida de novia con un rollo de papel de cocina en la mano) En el espacio escénico hay un altar religioso con una estatua de un santo, una virgencita chiquita y muchas ofrendas. Ella habla con acento, es del interior del país, un pueblito mínimo).

(Al público) Buenas… eh… permiso. No sabía que había gente. Están para algún otro casamiento, seguro, porque el mío es un rato, y si mal no recuerdo es en la capilla de enfrente. No sabía que acá también se casaba alguien… ¿o están para una misa? ¿O vinieron a pedir cosas…?... Qué prolijitos todos, sentaditos, se ve que muy urgidos no andan, así que… Ehmmm, bueno si no les molesta,  tengo unas cositas que hablar con… (Señala a donde se encuentra el santo) No sé si hay cola, o es por orden de llegada… ¿Cómo funciona esto? Si ustedes ya pidieron lo suyo, yo quisiera… como estoy un poco apurada porque se me viene la hora y… en fin… bueno, paso. Espero no les moleste, yo tendría que… ir empezando. Veo que se van a quedar ahí. No tengo problema, pero tengo que proceder a este “trámite urgente”…  En fin. Voy. Disculpen eh?  

(Se acerca a donde está la estatua y habla hacia el altar y por momentos hacia el cielo, ya que no tiene idea de cómo se reza ni se efectúa una ritual. Es muy torpe)

Hola, sé que no vengo mucho por acá. Pasa que la religión no ha sido lo mío (hasta ahora claro). Primero que nada pido disculpas por eso, por empezar tan tarde con esto de la fe… por no haber visitado nunca antes este lugar… (Mirando todas las ofrendas) y por no traer nada para dejar... Aunque…  Esto que no me gusta ni un poco (se saca el tocado y lo pone en el altar) Bueno más vale tarde que nunca ¿no? Siempre hay una primera vez para todo dicen. Este… no sé cómo empezar; si me tengo que sentar o arrodillar… 

(Mira al público)

Pasa que con este atuendo, es todo tan complicado… 

(Busca alguna posición medio exótica) ¿Así estará bien?
Okey, empiezo. Señor santo, o señora virgencita…  No sé si vos, o ustedes… ¿Son pareja? (Al público) ¿Se casan los santos? No estudié nada sobre esto, se me tendría que haber ocurrido antes así venía con más información, pero bueno, es un manotazo de ahogado que una tira… Eh, no, voy a hablar con ella (Agarra la virgencita y la cambia para algún otro lado más cercano al público tal vez) porque la mujer siempre entiende un poco más lo que le pasa a una, así que... La realidad es que no sé si usted, o vos 

(Al público) ¿La tuteo?

Si tú, te dedicás a este tipo de pedidos, creo que más bien no, que lo tuyo es más de corte económico… cinco de oro y esas cosas… pero yo creo que con tanto poder y siendo la única entidad religiosa que tenemos en no sé cuántos quilómetros a la redonda, te podré pedir alguna otra cosita también… Tengo entendido que si uno promete dar cosas a cambio, hacer ciertos “sacrificios” por así decirlo, puede pedirte cosas, y vos las cumplís.
Yo quisiera… en primer lugar… Bueno, como podrás ver me estoy por casar. Ahora, ya, en un ratito (Se acerca a la puerta o ventana a mirar cómo va la cosa y señala) ahí… Sí. Así que, quería pedirte algunas cositas al respecto. Me traje una listita de pequeños “errores” que he cometido en mi vida, ya reconocerlos es el primer paso hacia el bien y el perdón ¿verdad? Darse cuenta, saber que una estuvo mal. Entonces, si a vos te parece, yo me arrepiento de algunas cosas del pasado, y te voy pidiendo otras como para el futuro. Como una especie de canje… (Mira el papel) Sí, son unas cuántas… no sé si nos va a dar el tiempo en verdad para este negocio, pero bueno en fin, voy a ser concreta, tratar de ir a lo imprescindible, es que…  viste que dicen que no es NADA fácil la vida de casados… así que yo hice memoria de mis “pequeños” pecados, desde la infancia… cosas chiquitas… y otras no tanto…  En fin, hice esta lista como para tener un margen de estrategia contigo ¿viste?

(Le muestra el rollo de papel de cocina)

La primer macana que me mandé, fue cuando me pinté con témpera roja la nariz así como cayendo por la boca, y le dije a mi abuela, que tenía una hemorragia tremenda, porque no quería ir a la escuela. Y funcionó. Bueno. Me arrepiento. Estuve mal. Una cosita de nada… esa como es medio chiquita, te lo cambio por un pedido chiquito. Que Cono, mi futuro esposo, no me pida que le haga milanesas. Hasta el tuétano estoy de hacer milanesa para todos mis hermanos desde chica, y yo no puedo más. No quiero. Y este hombre es fanático de las milanesas. Entonces si vos podés sacarle ese deseo de la cabeza, o conseguir que pongan algún bar de milanesas en el pueblo, sería genial. Porque te cuento, a él se las hacía la madre siempre, y yo pensé que con ir los domingos a almorzar ahí… bueno… ya se iba a medio solucionar la cosa. Pero no. La madre me dijo que era ella la que iba a venir a visitarnos a nuestra casa cada domingo…  y que me iba a felicitar cuando probara mis milanesas. En realidad si me podés ahorrar TODO lo de las comidas sería genial. Que al hombre se le dé por cocinar él. Sí. Eso. Basta de picar cebolla para la señorita. Papel absorbente, sólo para escribirle cosas, así te digo. Vamos bien vamos bien. Ya me pongo contenta, voy un poco más tranquila al matadero.

Por otro lado (busca en la lista)… recuerdo que en el cumpleaños de mi hermano menor, le cambié todos los regalos que le habían hecho en su cumpleaños, por unas figuritas que tenía de álbumes viejos…. El me dio libros, pelotas y ya que estaba le pedí la  computadora del plan ceibal, y lo le di un sobrecito bien gordo lleno de figuritas de la selección de otros años. Todas repetidas. Las que salían más fácil. Y para que parecieran más, le puse recortes de diario y de los catálogos del supermercado… Sé que estuve mal. Él no se acuerda por suerte, siempre creyó que la computadora era mía, la uso hasta hoy y se la presto para ir a la escuela… y mis padres que ni cuenta se dan porque al ser tantos hijos…). Así que por esta picardía que es tan difícil de reconocer… te pido que el Cono no quiera escuchar ni ver fútbol cuando ande yo en la casa. Ni por la radio ni por la televisión, nada que haga ruido. Y que no se le ocurra a nadie regalarnos aspiradora. Así yo puedo escribir ¿Entendés? Que es lo que hago en los ratos libres. Trabajo en secreto para el diario del pueblo, con un nombre falso porque mis padres si no me revientan. Mirá qué confesión te hago de yapa. Importante. 
(Se acerca a la ventana y vicha hacia donde está la otra capilla)
Se me está haciendo un poco tarde ya está empezando a llegar la gente, y me faltan varias cosas. Voy a intentar ir más rápido y capáz que damos un salto a temas más importantes
(Desenreda el papel rápidamente)

Esto no, esto no. (Sigue desenrollando) Este…, bueno. Aquella vez en que no encontraban la plata del monedero de mi casa. Fui yo. La agarré y compré refuerzos en recreo de merienda para toda la clase. Esto vendría a ser un delito, así que es como más grande de reconocer. A cambio de tremenda confesión, te pido si podés suspenderme el tema de la luna de miel. No tengo problema en que se vaya solo. Mejor todavía. Entonces si me podés hacer caer a mí con una gripe tremenda una alergia que no se pueda estar… sería genial. Porque tengo que entregar un cuento para un concurso. Y necesito esta semana próxima para trabajar en eso porque se me vence la fecha. Seguimos:

(Desenrolla, arranca, corta partes) Ah sí. Acá.  Me gusta hacer cachadas por teléfono,  y un día llamé a la casa de la vecina y le dije que era el marido muerto, que la llamaba del infierno, y que si no dejaba de poner tangos tristes a todo volumen, me la iba a venir a llevar conmigo. A la señora le dio un ataque cardíaco. Sí, es grave esto, yo sé. Igual no se murió.  Pero yo tengo mucho remordimiento porque podría haber pasado a mejor vida y todo el susto… así que por largarte eso te estaría pidiendo si podés hacer que tengamos cuartos separados en la casa que vamos a vivir. Sí. Sobre todo por si ronca, y además… por todo, digamos. Vos me entendés 

(Mira cómplice al público. Como le da vergüenza sigue con la búsqueda en el rollo).

A ver… qué tenemos por acá

(Se acerca a la ventana apurada, mira, sigue desenrollando frenéticamente).

Claro sí, esta es buenísima. El último examen de bachillerato. Derecho, la constitución de las leyes y la mar en coche. Lo copié entero. Yo ya sabía del tema, trabajé desde siempre en el almacén, no iba a saber lo que estaba bien y lo que no… dejame de cosas raras. Qué materia aburrida. Me escribí un rollo parecido a este y lo salvé con 12. Qué mal. Una bribona. Mirá qué barbaridad lo que me estoy animando a contarte. Podría estar en liceo todavía si alguien se hubiera enterado. Y yo… con toda honestidad vengo y me abro con vos. ¿Te das cuenta? Vos tenés que hacer que Cono no quiera tener botijas. No puedo ponerme a andar atrás de criaturas con todo lo que quiero hacer en la vida. ¡Y con todo lo que ya cuidé a mis hermanos! (Se calma) Bueno listo. Ya estoy sin ruido de relatores, sin ronquidos, sin aspiradoras, sin “aquello”, sin niños chillando…
(Mira al público como que se está propasando con los deseos)
Y si estoy pidiendo demasiado a cambio de poco, te agrego que la vez que mi padre encontró todas las botellas de whisky rellenas de jugolín… fuimos nosotras con las gurisas del liceo. Sí… una noche intensa. Ta. Ya estamos a mano. (Fijándose cómo va todo afuera) ¡Y tengo que acelerar porque ya llegó el cura! 

(Está muy nerviosa, sigue desenrollando y el rollo ya se le va entreverando por todo el cuerpo de los nervios, lo tiene todo atravesado y va llegando a la punta).

Acá. Esta es brava. Una vez que había un congreso internacional de escritores, un seminario era más bien, de esos que te enseñan mucho todo junto. Y era gratis, no podía no ir… (Se aleja y se acerca de la estatua… le cuesta decir esto) y canté apendicitis. Para faltar al almacén. Diez días me tuve que tomar porque yo no tenía plata para ir en avión, y era allá en Santiago de Chile, y bueno, ómnibus va ómnibus viene… se me iba a pasar un montón de tiempo. Así que este apéndice que ven acá (Le muestra la panza a la santa y al público), para los familiares y amigos, y compañeros del almacén… no está. Dije que me operaba en la capital claro, porque acá se sabe todo. Esto sería ya un delito más bien ético, así que vale oro. Entonces lo que se me ocurre para que esté a la altura del trueque, digamos, es que  vos logres que a este hombre, ahora, en este preciso momento, se le ocurra que en realidad no se quiere casar conmigo. Que se arrepienta. Que diga que no cuando el cura le pregunte. Ay no qué peligroso, mirá si con los nervios se equivoca y dice que sí, así, una palabrita de nada y ya no hay vuelta atrás. Mejor, que se arrepienta ya mismo antes de llegar, que se escape, se vaya a vivir a otro departamento, ahora, ya en este instante, que me deje plantada en la iglesia. (Se va fascinando con la idea, suspira, respira hondo, se va poniendo más tranquila, se sienta)  Sí. Y yo me pido una licencia médica, porque estoy muy triste, “tremendo duelo pobre muchacha”, todos lo van a entender, y ahí… ahí… me mando mi primer novela larga. No, hasta una película puedo escribir, porque yo estuve leyendo que esas licencias duran meses, meses enteros para estar una tranquila… (Se va levantando y acomodando como para irse a la boda, regodeada de felicidad, mientras revisa la lista de arriba abajo)

Y bueno. No tengo más nada. (Se empieza como a ir pero frena el desplazamiento). Pero sabés que ahora que pienso y ya que hemos entrado en tanta confianza… te quería pedir una cosita más… si se pudiera. ¿Viste María Noel, la de rulos, con pelo bien largo, tan simpática, tan bonita… con esa sonrisa gigante…? (Al público): la cajera del almacén, sí ya la ubicaron… (Sonríe muy pícara) Si vos pudieras de a poquito, irle metiendo, despacito, la idea, de que yo le vaya como… simpatizando de alguna manera… gustando un poco… Podría ser que me venga a visitar a mi casa, por todo esto tan terrible que me va a estar pasando estos días del plantón… que me empiece a vichar con otros ojos, y se dé cuenta de todas las virtudes que yo escondo… (Mira al público y se frustra) Sí, sé lo que están pensando. Que es muy complicado. Porque no me queda más nada que ofrecer… Y sí… pero mirá esto. Tengo una idea tremenda. EN vez de cosas del pasado, una promesa, grande, bien sacrificada. A futuro. Si vos me concedés eso que yo quiero, yo hago algo que me cueste muchísimo, a cambio. A ver. Mirá: Si vos lográs, que la María Noel… se empiece a enamorar de mí;  yo… cambio de  rumbo mi vida. Hago lo que mis padres quieren, estudio la maldita escribanía. Me voy a la capital, me vuelvo una profesional… y dejo de escribir. 

(Piensa un poco)

 No. ¿Sabés qué?  Esto  no te lo entrego. No puedo. La vocación no. Si le gusto a La María Noel, que se dé cuenta sola y se ponga las pilas. Y sino, mala suerte. Metete el amor donde mejor te quepa hermana pero la vocación no la canjeo ni loca.
Me tengo que ir. Espero haya funcionado lo de Cono y ya ande por Cerro Largo o por Artigas mejor… Pero por si acaso, me parece que yo no me aparezco tampoco. Me voy a esconder por algún lado para asegurarme de que me plantó, y sino… lo planto yo.

(Se empieza a ir)

(Al público)

Ustedes si ven que entra alguien buscándome, digan lo que quieran. O quédense mudos así como hasta ahora que funciona bárbaro. Y cualquier cosa si a alguno le da por decir una mentirita piadosa, como que me morí o me raptaron o me llevaron los extraterrestres, no se preocupen, después pasan por algún templo de estos y hacen tremendo canje... Ya ven que funciona perfecto (Desbordando alegría): Mírenme a mí… No me caso nada, y nadie me saca lo que me hace más feliz en el mundo.
Todo va a estar bien. Muchas gracias.
(Se va apurada, sacándose partes del atuendo como  los zapatos por ejemplo y repitiendo que la vocación no.)

FIN

 (Vuelve para saludar)