(Entra una chica vestida de novia con un
rollo de papel de cocina en la mano) En el espacio escénico hay un altar
religioso con una estatua de un santo, una virgencita chiquita y muchas
ofrendas. Ella habla con acento, es del interior del país, un pueblito mínimo).
(Al público)
Buenas… eh… permiso. No sabía que había gente. Están para algún otro
casamiento, seguro, porque el mío es un rato, y si mal no recuerdo es en la
capilla de enfrente. No sabía que acá también se casaba alguien… ¿o están para
una misa? ¿O vinieron a pedir cosas…?... Qué prolijitos todos, sentaditos, se
ve que muy urgidos no andan, así que… Ehmmm, bueno si no les molesta, tengo unas cositas que hablar con… (Señala a donde se encuentra el santo) No
sé si hay cola, o es por orden de llegada… ¿Cómo funciona esto? Si ustedes ya
pidieron lo suyo, yo quisiera… como estoy un poco apurada porque se me viene la
hora y… en fin… bueno, paso. Espero no les moleste, yo tendría que… ir
empezando. Veo que se van a quedar ahí. No tengo problema, pero tengo que
proceder a este “trámite urgente”… En
fin. Voy. Disculpen eh?
(Se acerca a
donde está la estatua y habla hacia el altar y por momentos hacia el cielo, ya
que no tiene idea de cómo se reza ni se efectúa una ritual. Es muy torpe)
Hola, sé que no vengo mucho por acá. Pasa que la
religión no ha sido lo mío (hasta ahora claro). Primero que nada pido disculpas
por eso, por empezar tan tarde con esto de la fe… por no haber visitado nunca antes
este lugar… (Mirando todas las ofrendas)
y por no traer nada para dejar... Aunque… Esto que no me gusta ni un poco (se saca el tocado y lo pone en el altar)
Bueno más vale tarde que nunca ¿no? Siempre hay una primera vez para todo dicen.
Este… no sé cómo empezar; si me tengo que sentar o arrodillar…
(Mira al
público)
Pasa que con este atuendo, es todo tan complicado…
(Busca alguna
posición medio exótica) ¿Así estará bien?
Okey, empiezo. Señor santo, o señora virgencita… No sé si vos, o ustedes… ¿Son pareja? (Al público) ¿Se casan los santos? No
estudié nada sobre esto, se me tendría que haber ocurrido antes así venía con
más información, pero bueno, es un manotazo de ahogado que una tira… Eh, no,
voy a hablar con ella (Agarra la
virgencita y la cambia para algún
otro lado más cercano al público tal vez) porque la mujer siempre entiende
un poco más lo que le pasa a una, así que... La realidad es que no sé si usted,
o vos
(Al público)
¿La tuteo?
Si tú, te dedicás a este tipo de pedidos, creo que
más bien no, que lo tuyo es más de corte económico… cinco de oro y esas cosas… pero
yo creo que con tanto poder y siendo la única entidad religiosa que tenemos en
no sé cuántos quilómetros a la redonda, te podré pedir alguna otra cosita
también… Tengo entendido que si uno promete dar cosas a cambio, hacer ciertos “sacrificios”
por así decirlo, puede pedirte cosas, y vos las cumplís.
Yo quisiera… en primer lugar… Bueno, como podrás ver
me estoy por casar. Ahora, ya, en un ratito (Se acerca a la puerta o ventana a mirar cómo va la cosa y señala)
ahí… Sí. Así que, quería pedirte algunas cositas al respecto. Me traje una
listita de pequeños “errores” que he cometido en mi vida, ya reconocerlos es el
primer paso hacia el bien y el perdón ¿verdad? Darse cuenta, saber que una
estuvo mal. Entonces, si a vos te parece, yo me arrepiento de algunas cosas del
pasado, y te voy pidiendo otras como para el futuro. Como una especie de canje…
(Mira el papel) Sí, son unas cuántas…
no sé si nos va a dar el tiempo en verdad para este negocio, pero bueno en fin,
voy a ser concreta, tratar de ir a lo imprescindible, es que… viste que dicen que no es NADA fácil la vida
de casados… así que yo hice memoria de mis “pequeños” pecados, desde la
infancia… cosas chiquitas… y otras no tanto…
En fin, hice esta lista como para tener un margen de estrategia contigo ¿viste?
(Le muestra el
rollo de papel de cocina)
La primer macana que me mandé, fue cuando me pinté
con témpera roja la nariz así como cayendo por la boca, y le dije a mi abuela,
que tenía una hemorragia tremenda, porque no quería ir a la escuela. Y
funcionó. Bueno. Me arrepiento. Estuve mal. Una cosita de nada… esa como es
medio chiquita, te lo cambio por un pedido chiquito. Que Cono, mi futuro
esposo, no me pida que le haga milanesas. Hasta el tuétano estoy de hacer
milanesa para todos mis hermanos desde chica, y yo no puedo más. No quiero. Y
este hombre es fanático de las milanesas. Entonces si vos podés sacarle ese
deseo de la cabeza, o conseguir que pongan algún bar de milanesas en el pueblo,
sería genial. Porque te cuento, a él se las hacía la madre siempre, y yo pensé
que con ir los domingos a almorzar ahí… bueno… ya se iba a medio solucionar la
cosa. Pero no. La madre me dijo que era ella la que iba a venir a visitarnos a
nuestra casa cada domingo… y que me iba
a felicitar cuando probara mis milanesas. En realidad si me podés ahorrar TODO
lo de las comidas sería genial. Que al hombre se le dé por cocinar él. Sí. Eso.
Basta de picar cebolla para la señorita. Papel absorbente, sólo para escribirle
cosas, así te digo. Vamos bien vamos bien. Ya me pongo contenta, voy un poco
más tranquila al matadero.
Por otro lado (busca
en la lista)… recuerdo que en el cumpleaños de mi hermano menor, le cambié
todos los regalos que le habían hecho en su cumpleaños, por unas figuritas que
tenía de álbumes viejos…. El me dio libros, pelotas y ya que estaba le pedí la computadora del plan ceibal, y lo le di un
sobrecito bien gordo lleno de figuritas de la selección de otros años. Todas
repetidas. Las que salían más fácil. Y para que parecieran más, le puse
recortes de diario y de los catálogos del supermercado… Sé que estuve mal. Él
no se acuerda por suerte, siempre creyó que la computadora era mía, la uso
hasta hoy y se la presto para ir a la escuela… y mis padres que ni cuenta se
dan porque al ser tantos hijos…). Así que por esta picardía que es tan difícil
de reconocer… te pido que el Cono no quiera escuchar ni ver fútbol cuando ande
yo en la casa. Ni por la radio ni por la televisión, nada que haga ruido. Y que
no se le ocurra a nadie regalarnos aspiradora. Así yo puedo escribir ¿Entendés?
Que es lo que hago en los ratos libres. Trabajo en secreto para el diario del
pueblo, con un nombre falso porque mis padres si no me revientan. Mirá qué
confesión te hago de yapa. Importante.
(Se acerca a
la ventana y vicha hacia donde está la otra capilla)
Se me está haciendo un poco tarde ya está empezando
a llegar la gente, y me faltan varias cosas. Voy a intentar ir más rápido y
capáz que damos un salto a temas más importantes
(Desenreda el
papel rápidamente)
Esto no, esto no. (Sigue desenrollando) Este…,
bueno. Aquella vez en que no encontraban la plata del monedero de mi casa. Fui
yo. La agarré y compré refuerzos en recreo de merienda para toda la clase. Esto
vendría a ser un delito, así que es como más grande de reconocer. A cambio de tremenda
confesión, te pido si podés suspenderme el tema de la luna de miel. No tengo
problema en que se vaya solo. Mejor todavía. Entonces si me podés hacer caer a
mí con una gripe tremenda una alergia que no se pueda estar… sería genial.
Porque tengo que entregar un cuento para un concurso. Y necesito esta semana
próxima para trabajar en eso porque se me vence la fecha. Seguimos:
(Desenrolla,
arranca, corta partes) Ah sí.
Acá. Me gusta hacer cachadas por
teléfono, y un día llamé a la casa de la
vecina y le dije que era el marido muerto, que la llamaba del infierno, y que
si no dejaba de poner tangos tristes a todo volumen, me la iba a venir a llevar
conmigo. A la señora le dio un ataque cardíaco. Sí, es grave esto, yo sé. Igual
no se murió. Pero yo tengo mucho
remordimiento porque podría haber pasado a mejor vida y todo el susto… así que
por largarte eso te estaría pidiendo si podés hacer que tengamos cuartos
separados en la casa que vamos a vivir. Sí. Sobre todo por si ronca, y además…
por todo, digamos. Vos me entendés
(Mira cómplice al público. Como le da
vergüenza sigue con la búsqueda en el rollo).
A ver… qué tenemos por acá
(Se acerca a la ventana apurada, mira, sigue
desenrollando frenéticamente).
Claro sí, esta es buenísima. El último examen de
bachillerato. Derecho, la constitución de las leyes y la mar en coche. Lo copié
entero. Yo ya sabía del tema, trabajé desde siempre en el almacén, no iba a saber
lo que estaba bien y lo que no… dejame de cosas raras. Qué materia aburrida. Me
escribí un rollo parecido a este y lo salvé con 12. Qué mal. Una bribona. Mirá
qué barbaridad lo que me estoy animando a contarte. Podría estar en liceo
todavía si alguien se hubiera enterado. Y yo… con toda honestidad vengo y me
abro con vos. ¿Te das cuenta? Vos tenés que hacer que Cono no quiera tener
botijas. No puedo ponerme a andar atrás de criaturas con todo lo que quiero
hacer en la vida. ¡Y con todo lo que ya cuidé a mis hermanos! (Se calma) Bueno listo. Ya estoy sin
ruido de relatores, sin ronquidos, sin aspiradoras, sin “aquello”, sin niños
chillando…
(Mira al
público como que se está propasando con los deseos)
Y si estoy pidiendo demasiado a cambio de poco, te
agrego que la vez que mi padre encontró todas las botellas de whisky rellenas
de jugolín… fuimos nosotras con las gurisas del liceo. Sí… una noche intensa.
Ta. Ya estamos a mano. (Fijándose cómo va
todo afuera) ¡Y tengo que acelerar
porque ya llegó el cura!
(Está muy
nerviosa, sigue desenrollando y el rollo ya se le va entreverando por todo el
cuerpo de los nervios, lo tiene todo atravesado y va llegando a la punta).
Acá. Esta es brava. Una vez que había un congreso
internacional de escritores, un seminario era más bien, de esos que te enseñan
mucho todo junto. Y era gratis, no podía no ir… (Se aleja y se acerca de la estatua… le cuesta decir esto) y canté apendicitis.
Para faltar al almacén. Diez días me tuve que tomar porque yo no tenía plata
para ir en avión, y era allá en Santiago de Chile, y bueno, ómnibus va ómnibus
viene… se me iba a pasar un montón de tiempo. Así que este apéndice que ven acá
(Le muestra la panza a la santa y al
público), para los familiares y amigos, y compañeros del almacén… no está. Dije
que me operaba en la capital claro, porque acá se sabe todo. Esto sería ya un
delito más bien ético, así que vale oro. Entonces lo que se me ocurre para que
esté a la altura del trueque, digamos, es que
vos logres que a este hombre, ahora, en este preciso momento, se le
ocurra que en realidad no se quiere casar conmigo. Que se arrepienta. Que diga
que no cuando el cura le pregunte. Ay no qué peligroso, mirá si con los nervios
se equivoca y dice que sí, así, una palabrita de nada y ya no hay vuelta atrás.
Mejor, que se arrepienta ya mismo antes de llegar, que se escape, se vaya a
vivir a otro departamento, ahora, ya en este instante, que me deje plantada en
la iglesia. (Se va fascinando con la
idea, suspira, respira hondo, se va poniendo más tranquila, se sienta) Sí. Y yo me pido una licencia médica, porque
estoy muy triste, “tremendo duelo pobre muchacha”, todos lo van a entender, y
ahí… ahí… me mando mi primer novela larga. No, hasta una película puedo
escribir, porque yo estuve leyendo que esas licencias duran meses, meses
enteros para estar una tranquila… (Se va
levantando y acomodando como para irse a la boda, regodeada de felicidad, mientras
revisa la lista de arriba abajo)
Y bueno. No tengo más nada. (Se empieza como a ir pero frena el desplazamiento). Pero sabés que
ahora que pienso y ya que hemos entrado en tanta confianza… te quería pedir una
cosita más… si se pudiera. ¿Viste María Noel, la de rulos, con pelo bien largo,
tan simpática, tan bonita… con esa sonrisa gigante…? (Al público): la cajera del almacén, sí ya la ubicaron… (Sonríe muy pícara) Si vos pudieras de a
poquito, irle metiendo, despacito, la idea, de que yo le vaya como…
simpatizando de alguna manera… gustando un poco… Podría ser que me venga a
visitar a mi casa, por todo esto tan terrible que me va a estar pasando estos
días del plantón… que me empiece a vichar con otros ojos, y se dé cuenta de
todas las virtudes que yo escondo… (Mira
al público y se frustra) Sí, sé
lo que están pensando. Que es muy complicado. Porque no me queda más nada que
ofrecer… Y sí… pero mirá esto. Tengo una idea tremenda. EN vez de cosas del
pasado, una promesa, grande, bien sacrificada. A futuro. Si vos me concedés eso
que yo quiero, yo hago algo que me cueste muchísimo, a cambio. A ver. Mirá: Si
vos lográs, que la María Noel… se empiece a enamorar de mí; yo… cambio de rumbo mi vida. Hago lo que mis padres quieren,
estudio la maldita escribanía. Me voy a la capital, me vuelvo una profesional…
y dejo de escribir.
(Piensa un
poco)
No. ¿Sabés
qué? Esto no te lo entrego. No puedo. La vocación no. Si
le gusto a La María Noel, que se dé cuenta sola y se ponga las pilas. Y sino,
mala suerte. Metete el amor donde mejor te quepa hermana pero la vocación no la
canjeo ni loca.
Me tengo que ir. Espero haya funcionado lo de Cono y
ya ande por Cerro Largo o por Artigas mejor… Pero por si acaso, me parece que yo
no me aparezco tampoco. Me voy a esconder por algún lado para asegurarme de que
me plantó, y sino… lo planto yo.
(Se empieza a
ir)
(Al público)
Ustedes si ven que entra alguien buscándome, digan
lo que quieran. O quédense mudos así como hasta ahora que funciona bárbaro. Y cualquier
cosa si a alguno le da por decir una mentirita piadosa, como que me morí o me
raptaron o me llevaron los extraterrestres, no se preocupen, después pasan por
algún templo de estos y hacen tremendo canje... Ya ven que funciona perfecto (Desbordando alegría): Mírenme a mí… No
me caso nada, y nadie me saca lo que me hace más feliz en el mundo.
Todo va a estar bien. Muchas gracias.
(Se va
apurada, sacándose partes del atuendo como los zapatos por ejemplo y repitiendo que la
vocación no.)
FIN
(Vuelve para saludar)