jueves, 5 de enero de 2017

Extrañitis

Me doy cuenta que mi problema con el verano no es tanto que odie la playa sino que extraño los ensayos, las juntadas, las charlas muriendo a carcajadas. Me molesta el sol, cada vez más, el calor, es verdad, pero si es con ellos no me importa, porque mi mente siempre puede estar en un funcionamiento màgico cuando estamos juntos.

jueves, 25 de agosto de 2016

Primavera

Volver a la valentìa de cuando no habìa nada que perder.

viernes, 19 de agosto de 2016

El peor viaje

Eras de mis personas preferidas en el mundo. Y por alguna razòn (que aùn no comprendo), te esmeraste en quebrarme el cristal de los lentes a travès de los cuales te veìa. Entonces ya nada fue lo mismo porque ahora veo una realidad, que me es por completo ajena y extraña.

jueves, 16 de agosto de 2012

EL SASTRE

(El actor va de traje. Sale de una puerta, con un mannequin, se para frente al pùblico.)

Hay cosas que no se deciden. Vienen al mundo con nosotros. Corren por nuestras venas.
 Se maman desde el vientre materno, se van impregnando poro a poro cuando por primera vez nos tiembla el torso al llorar, y continúan perfeccionándose cada día de nuestra vida.
Otro hubiese sido el destino, el arte, de quien nace casi colgado de un trapecio, o es expulsado al mundo en el cuarto contiguo a un salón colmado de lienzos en blanco y olor a agua ras.

Me escondía todas las mañanas de lunes a domingo atrás de la cortina bordeaux y a propósito y demoraba en salir cuando papá decía “¡Centímetro!”. No quería aparecer enseguida para poder disfrutarlo un poco más. Capturar esos instantes de complicidad y confianza entre quien explica lo que quiere, la transformación con la que sueña, y las sonrisas de quien imagina la magia que podrá aplicar sobre ese cuerpo aún a medio vestir. Porque ese momento sagrado acepta sólo a esos dos. El que habla, y el que escucha. El que desea, el que expresa, y el que recibe ese código de imágenes y lo comienza a soñar con la mirada, el alma, con sus jugos. Cada palabra se vuelve tejido, cada movimiento corre a tomar vuelo hacia el mundo de los sentidos. El roce que tendrá cada milésima de hilo. La caída. Los pliegues. Pasarán de ser nada, simples pensamientos, para convertirse en los más íntimos testigos de cada ìnfima acción de quien los lleve puestos. Y cuando otro aparece, súbitamente ataca la realidad. Siete de sisa, cuarenta de largo, cuello veintitrés ¡Letra más clara!
Nunca comprendí por qué papá dejaba invadir su privacidad.

Cuando empecé no llegaba a pasar el muslo del modelo, aunque me parara en la banqueta. En general yo tenía que estar adelante con la libreta y él medía desde atrás. Yo siempre supe que no iba a necesitar ayudantes. Ni siquiera cuando el cliente es demasiado joven, o inquieto. El trabajo siempre queda mejor cuando el proceso es a solas. Las palabras surgen de estos labios, las anotaciones son mías, el que mide soy yo. Las pruebas son más reconfortantes para todos si nadie las presencia. Todos los detalles me pertenecen. Nosotros somos los protagonistas. Las estrellas del juego, los árbitros de todo el proceso: el que viene en busca de mi ayuda, y lo que sólo yo, puedo brindarle. Nuestro único testigo es el espejo, que termina siempre ardiendo en gritos y aplausos, reflejando secretamente el triunfo final.

martes, 26 de abril de 2011

10 minutos reuniòn de mesa

Apuntes sensaciones e impresiones de la reuniòn de hoy:

- La obra si bien està pensada para espacios no convencionales, podemos adaptarla para teatros perfectamente (confirmado por los 3).

En mi opiniòn y de acuerdo con lo que voy entendiendo en el devenir de cada ensayo, puedo decir que La pieza no es una comedia absurda, sino una comedia con toques surrealistas, ya que deambula por el inconsciente de los personajes; hay teatro dentro del teatro, y desde la direcciòn hay un claro y profundo interès por jugar mucho con el "tiempo extraño" y el desdoblamiento que se da por parte de los personajes en estas escapadas al subconsciente.


- Conclusiòn del dìa a raiz del estudio de los personajes en sintonìa con mi observaciòn personal sobre el mundo y la vida real:

"Toda mujer calma y socialmente correcta alberga dentro a una desquiciada" Sino el mundo serìa imposible. No me lo creerìa.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La ridiculez

Creo que lo bravo de este tema es cuando uno no se da cuenta de que està siendo ridìculo. Porque si contamos con la capacidad de analizarnos, reconocernos, e incluso reirnos de nuestra condiciòn, como en toda àrea de la vida, la cosa se torna menos grave.

Hace una semana fue màs o menos 25 de febrero, y yo a mis 32 años ese dìa me autocebè mi primer mate. Antes habìa tomado unos cuantos claro, pero siempre robados o convidados por otras personas amigas que me lo alcanzaban preparadito; yo absorbìa, y al terminar lo devolvìa para que otros siguieran con la tarea de la ronda. Yo jamàs agarrè un termo y le tuve que echar agua al pote ese.
Y creì haberme sentido un poco ridìcula en aquel momento; al verme en esa situaciòn, de yo solita estarme proporcionando la infusiòn por primera vez en mi vida luego de tantos años de haber disfrutado mates que me servìan otros. Mi madre habìa terminado de desayunar, me preguntò si lo querìa seguir tomando porque le quedaba como medio litro de agua caliente y el mate estaba precioso, nada gastado. Entonces me lo pasò. Asì, entero, con termo y todo. Y ahì me dejò. A la deriva. Trabajando por mí misma.

Pero en nada se comparò a cuando esta mañana (sola en mi casa porque mi hija empezò la escuela), decidì que iba a preparar un mate entero. De comienzo a fin. Desde el encendido de la hornalla hasta el armado de toda la cuestiòn con la yerba, la bombilla y el agua frìa esa que hay que ponerle antes de empezar con el ciclo de chorros hirvientes. Entonces tuve mi momento de èxtasis de ridiculez: Me vi buscando en google cómo se prepara un mate. Si si... y ahì me enterè que van no menos de dos tercios de yerba, de la montaña que hay que dejar hacia un lado tapando la boca con la mano y ponièndolo patas para arriba, de que despuès hay que mojar una parte pero no con el agua del termo porque sino se te quema la yerba, y lo de que hay que esperar un rato y despuès incrustar la bombilla "hasta el fondo"... Un sinfin de cosas que nunca hubiera descubierto sin ayuda pero que sospechaba que existìan, ya que siempre que dicen "Voy a preparar el mate" hay todo como un ritual ahì de pasos a los cuales nunca habìa prestado demasiada atenciòn, pero que percibìa eran unos cuantos dado el rato largo durante el cual la gente manipula los utensilios y los deja reposar y yo que se què, antes de empezar a aspirar del bendito aparato.
Asì que acà estoy... a punto de googlear còmo es eso de "darlo vuelta" cuando se lava y el por què de cuando "se tapa".

sábado, 5 de junio de 2010

La contratapa de la biblioteca

Para mi hermano Daniel


Mi padre es un coleccionista empedernido.

Colecciona las cosas más inútiles, como ceniceros, copitas, sobres, lápices, cajas de whisky vacías, papeles de regalo, en fin, cientos de ítems que sería larguísimo detallar aquí, y que a criterio de muchos no sirven para nada.

Lo más destacado de estas colecciones es una de moñitos de regalo, cintitas de colores y todo otro aditamento que reciba adornando un obsequio.

Esto tiene, además, una lindísima particularidad. Las pega meticulosamente en la parte de atrás de la puerta de una de sus bibliotecas, una y siempre la misma.

En nuestra casa de infancia, en la que yo viví veinte años y el 40 (se mudó hace 13), tenía una extensísima colección, unas pegaditas sobre las otras, con su correspondiente cinta adhesiva (siempre había un rollito de cinta y una tijera prolijamente guardadas en uno de los estantes a esos menesteres).

Cada vez que tiene oportunidad de mostrarme su nueva colección, la de su nueva casa, y su nueva biblioteca, me cuenta la misma historia: “Viste, ahora sí que no me desprendo más de ellas. Lo que pasa es que la otra biblioteca estaba empotrada y me dio lástima sacárselas al hombre, además vendí la casa gracias a las moñitas, te acordás? La nena le dijo al papá:- “quiero ésta casa porque tiene todas esas moñitas ahí”-; y el padre claro, no iba a dejar de hacerle el gusto a la nena, y fue y compró la casa.”

Y él está realmente convencido de eso. Lo que vendió fue su colección de moñitas; o mejor: su colección de moñitas fue lo que hizo que una hermosísima casa en Punta Carretas pudiera venderse.

Me recalca: “esta vez, si vendo el apartamento, no me deshago de la colección , porque esta biblioteca me la puedo llevar conmigo….¿no quedan lindisimas? Mirá los colores, ya no me entran más, pero habilito la otra puerta….”

Yo lo miro con ternura; mis hermanos, las empleadas, todos se ríen en silencio, pero yo lo entiendo al viejo: no cualquiera elige ese espacio tan único para poner una exquisita colección de colores brillantes que rememoran casi todos los regalos que recibe. Ese lugar acumula todos los obsequios del mundo, y, además, es secreto. Lo conocemos pocos. No deja de ser un privilegio para mí ser una de ellos.



Patricia Freire Korzeniak
Montevideo, 11 de mayo de 2010

La piñata

Estaba allí paradita, esperando.
Miraba fijo, con sus manitos preparadas y en posición de ataque, para ser la primera, para juntar todo, todo lo que cayera apenas se rompiera el paquete.
Se tiró al suelo como un resorte, como un autómata, e hizo un hueco entre sus brazos, y atrajo hacia sí una cantidad enorme.
Le temblaban las piernas y fue levantándose despacito, abrazando su tesoro, tratando de acomodarlo en un papel grande, disfrutando cada instante de ese arduo trabajo.
Aunque de repente…
De repente vio como se formaba un río de caramelos que se deslizaban de entre sus deditos.
Había juntado tantos…
Sin que supiera cómo se agolparon varios niños que peleaban por agarrar los que iban cayendo al piso.
Sus ojitos se llenaron de lágrimas.
Verdaderamente no entendía las razones para tamaña injusticia.
Había tenido tantos, de todos colores y ahora sólo unos poquitos, 2 o 3, que observaba con asombro, engarzados a sus dedos abiertos, depositarios de esa mirada ora triste, ora asombrada, y tan desconcertada.
Al mirarla, pensé con tristeza que nunca me gustaron las piñatas. Son siempre poco democráticas y básicamente portadoras de moralejas impropias para niños chiquitos.



Patricia Freire
20 de mayo de 2010