Viernes,
1 de la mañana.
Situación: Sólo, living, tele, PlayStation, música
al mango y computadora. Hablé media hora por teléfono con Andrea en este estado
mentiroso, que es la única forma en la que podemos hablar. No, error, es la
única manera en la que puedo escuchar. Dice que me da la chance, que si freno
vuelve. Que me ama. Sí, dice que me ama. Que tengo que dejar de decir y ponerme
a hacer. No puedo creer que voy a terminar yendo al loquero. Pero es la única
que le veo. No puedo hablar con nadie, nadie me entiende, ni yo mismo.
(Mira su
latita. Es de esas chatas, como de cigarrillos)
Mañana.
Mañana empiezo de nuevo bien. Mañana voy a ser otro. (Abre la lata. La cierra)
Sábado,
2 de la mañana
Situación: Sólo, separado, la cabeza a mil por hora,
escuchando Buitres y a punto de perder todo lo poco que logré. En qué estoy
pensando? Ni idea. Esto era la vida? Esto era el futuro? Qué estoy haciendo?
Cómo llegué acá? Yo! Justo yo! Que soy más inteligente que cualquiera, que le
doy mil vueltas a todos, que tenía tanto al alcance de la mano! Cómo me siento
tan derrotado? La cabeza que no frena,
no para nunca, y el pecho, acá, me quema, no aguanto. Cuándo empecé a sentir tanto?, Si yo no tengo
sentimientos, yo soy racional papá! Me desconozco. Pah, qué temaso!
(Suena
un pedacito de la versión de buitres, del tema “El instrumento”, del Darno. Canta, baila, toca su batería
imaginaria). “Conocerse claro está que necesita su tiempo… con años que
albañilean y años de derrumbamiento!”
(Corte
abrupto de la música)
Lunes,
9 de la noche.
Situación: Llamé a Andrea y no me atendió. Me
descontrolé, rompí todo. Hasta un ajedrez y mi póster de Pulp Fiction. Después caí destruido…dormí 2 días al hilo. Hoy no
atendí pacientes, seguramente fueron, tocaron timbre, nadie les abrió. Encajo la
del viaje. Congresos, conferencias, vuelos
atrasados, modo avión sin señal para poder avisar, toda la mano. Funciona, me
creen, pero son cada vez menos. Se han ido yendo. Como todos. Pensar que era el
mejor de la generación. Y lo soy. Lo fui. Bueno no sé.
Hoy estoy en la misma de siempre pero más controlado
(que no quiere decir tranquilo. Tranquilo nunca). Parece que dormir ayuda. Pasa
que no puedo. Sólo cuando caigo desmayado, sin pensarlo.
Le mandé mensaje a Andrea. Dice así: (Lee el celular) “Me pregunto, ¿cómo me aguantaste tanto? Si no me aguanto ni yo!
¿Por qué? Sinceramente te pregunto ¿por qué? Perdoname. Fue sin maldad. Pienso
las demencias que te mostré. No tenías por qué ver eso nunca. Perdón. Sabé que
cuando este arriba de nuevo, podés contar conmigo sin importar nada, ni lo que
hagas, ni lo que digan. Voy a estar siempre. Nunca vas a estar sola. Estas en
mi corazón grabada a fuego. Perdoname.
Martes
11 de la mañana:
Situación: Sol. Lentes negros, auto, rambla, café,
Llego. Gerardo, padre de familia, sentado en mi consultorio, logra hablar
aunque tenga el espejo metido en la boca. “Qué bien Peñarol, de locos, la
inseguridad, primavera mentirosa que nos tiene con frío, los nenes bien?
Carísimas las vacaciones en Cancún, claro, sumado al criadero donde dejan al
perro, la suegra con presión alta” Bueno; nada duro por dos horas y luego vida
normal. Adiós. Por fin. No aguanto, suspendo los siguientes, necesito la tarde.
Andrea nunca me respondió el mensaje. Pero está en
línea. Perra.
Ahora, bajón. En casa, escuchando música nostálgica.
(Canta): “18 de Julio… por cuántos sueños, me viste vagar…” Achiqué el alcohol. Menos locura de romper
todo.
Quiero hacerme una paja, bajar y dormir. Esto es
para ella. Me respondió. Miedo. Ahí vamos, con calma. Le empiezo a escribir
mientras la escucho: (Se escucha audio de
Andrea): “No es un tema de perdonar,
es un tema de no soportar. No te creo, no veo cambios, no hay nada, es siempre
lo mismo una y otra vez. No puedo más. Me estoy cansando. O capaz ya me cansé”.
Y yo acá …con mi caballito que se acaba.
(Suena
música, los redondos. Ojos cerrados, Canta, baila, gira)
“Ella es bailarina, en la caja musical… él es el peligro, ladrón de mi cerebro…”)
Miércoles
10 de la mañana:
Situación: Sólo, en el consultorio. Fresco, bañado,
hasta perfumado atiendo hoy. Anoche hice un pacto. Conmigo mismo y con Andrea. Tiré
todo. Quedó la casa limpia, sin rastros. Ella todavía no lo sabe, no quiero que
crea que es hablar por hablar. Voy a dejar pasar unos días y se lo voy a demostrar.
Saqué hora. Psiquiatra y psicólogo. Manicomio completo. Urgente pedí. Voy mañana
al salir de acá. Hoy desayuné Tostadas Queso Mermelada. Me siento bien, Fuerte.
Puedo con esto. No me va a vencer. No la voy a perder. Sólo necesita ver quien
soy de verdad. Le dejé un mensaje de buenos días, con voz de calma.
Primer paciente: gol. Segundo: éxito, tercera:
pamba! divina, Carla, la alegría de vivir. Yo le sonrío también, (intento). Voy
bárbaro, tres al hilo, así, sin interrupciones. Cuarto, un niño.. Me habla
gritando, como si yo fuera sordo, me taladra la mente contándome que siempre es
el que hace los goles en el recreo, no para de moverse. Café necesito. Me debería
pedir algo para almorzar. Fresco, sano. Puedo. Yo puedo.
(Mira el
celular, no hay nada)
Empieza la tanda de la tarde, al final no comí nada.
Me suda la frente y empiezo a sentir que el corazón se acelera. Falta poco,
tres y afuera. Necesito aire, bajo por las escaleras corriendo los seis pisos,
salgo a la vereda, respiro, vuelvo trepando escalones de tres en tres, tengo
ganas de llorar. Dejé a Gerardo sentado hablando de la paraguaya que le cuida a
los críos, entro al baño, me mojo la cara, tengo ganas de darle piñas al espejo
y patadas a Gerardo y a todo el aparato de las radiografías. Me aguanto, lo
despido, agarro las llaves del auto y me voy. Mensaje a los otros dos
pacientes, que me disculpen, surgió un imprevisto de fuerza mayor. Llego a
casa; en dos horas tengo a los médicos. Puedo aguantar. No. Hoy es la última.
Sacarme las ganas si total voy a estar controlado. La despedida.
Jueves,
cuatro y media de la mañana:
Situación: Hace años que estoy por empezar a
escribir una especie de diario con todo lo que me pasa, pero nunca lo hago. El
otro día veía un documental sobre un granjero yankee que aprovechaba su vida
desgraciada pasándola a papel y se hacía famoso. Y pensé, por qué no? Me
descargo, lo junto todo y lo comparto con otros que se sientan como yo.
No fui. A los médicos.
No sé si últimamente soy cagón o siempre lo fui y
recién me estoy dando cuenta, asumiéndolo, tomando conciencia; supongo que fue
siempre. Me refiero a la toma de decisiones. Qué te gusta hacer con tu vida?
Cómo alguien puede saber eso a los dieciséis años? Tomar una opción para
siempre? Lo mismo, con quién querés compartir tu vida?, despertarte todos los
días? Todos los días de tu vida? No será mucho señores? Todo esto te marca para
siempre, y si te equivocás, tenés a tu familia ahí merodeando, opinando,
juzgando, entonces no sé qué es peor, si la suma de malas opciones chiquitas, o
una grande, la de probar algo que te ayude a sobrellevar todas las demás y que
después no la puedas dejar con nada, por ejemplo.
Viernes
1 de la mañana.
Situación: Sólo, living, tele, PlayStation, música
al mango y computadora. Hablé media hora por teléfono con Andrea en este estado
mentiroso, que es la única forma en la que podemos hablar. No, error, es la
única manera en la que puedo escuchar. Dice que me da la chance, que si freno
vuelve. Que me ama. Sí, dice que me ama. Que tengo que dejar de decir y ponerme
a hacer. No puedo creer que voy a terminar yendo al loquero. Pero es la única
que le veo. No puedo hablar con nadie, nadie me entiende, ni yo mismo.
Pero no, llegado el momento no voy. Y esto, se
repite, cíclicamente durante mucho tiempo, en el que le miento y me miento, a
ella y a todos, que me creen, y me dan la chance, infinidad de veces, hasta que
un día, finalmente, ella y tantos otros, me logran erradicar de sus vidas.
Cuando creo que toqué fondo por completo, se abre
una puerta que me entusiasma: me proponen editar esta historia, tal vez a
alguien le puede servir leerla dicen, y empiezan las reuniones. Está bueno,
tengo una motivación, un proyecto, me puede salvar, me entro a copar, escribo
mi diario sin frenos ni tapujos, abro mi alma y la desgarro sobre el papel. Pero
entonces, el tipo que la quiere publicar me empieza a joder con cambiar
palabras y modificar cosas, me recontra caliento, lo mando a la concha de la
lora, rompo todos estos manuscritos de mierda, y acá estoy… Ahora sí…sin nada de nada. Y es así, que me
doy cuenta de que sólo tengo dos caminos. Llegó el momento ahora sí, de la mayor decisión de mi vida. Tengo que elegir.
Matarme. O entregarme y dejarme ayudar.
(El actor
queda mirando al público a los ojos, mientras suena de nuevo “el instrumento”, estrofa final “Y de pronto se borraron
la mujer el vino el fuego, que sostenían la carne el temple del instrumento. Y
en un cantor de boliche reconocí el ejemplo. Ya perdí mi compañera, desatame de
este enredo, ya perdí mi compañera, desatame de este enredo”)