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miércoles, 20 de agosto de 2008

Extraño ánimo

Aclaro de entrada que este no es un relato como los que suelo subir acá. Qúizás porque se trate de "estados de ánimo que no le interesan a nadie" como dice Hernán (Casciari). Pero siento la necesidad de hablar al respecto, porque me ha quedado una sensación rondando, y creo que nada mejor para extirparla, que ordenarla escribiendo.

El comienzo de este entrevero se da anoche, entre que releo un comentario de la flaca sobre mi entrada anterior "mi primer nota", termino de leer el nuevo post de Casciari, casi al mismo tiempo estoy viendo resúmenes sobre los juegos olímpicos y cenando con Palito. Sí, todo simultáneamente, y sin poder procesar cada cosa por sí sola como debería. Por lo menos la Cuqui está durmiendo hace rato, así que puedo poner la mente por completo en la sección "adultos"; de otro modo el embrollo sería aún mayor.

Le dejo mínimamente algo en lo de Hernán pero me doy cuenta de que no tiene mucho que ver con su artículo en sí, sino con una pequeña parte que me toca porque me identifica con mi infancia y con alguien que quiero mucho. Sin embargo la temática de su relato parece ser profunda e importante, pero no logro redondear o sacar en limpio qué pienso al respecto.
Por eso me queda en el tintero y trato de sacarle el tema a Palito, (siempre tan sabio para todo) pero ni siquiera soy capaz de resumirlo. ¿Será que al ser un tema comprometido con algo que no es humorístico, no soy capaz de sensibilizarme? No, no puede ser eso.
No importa, le tiro una punta y él me responde que no entiende bien de lo que le hablo ni el punto de vista que le estoy dando sobre los animales (tanto el mío o el de Casciari). Intento decirle que yo no tengo una posición clara aún, que el tema me aburre un poco, pero que me parece muy bien, que el tipo hable de la desconsideración que tenemos los seres humanos para con los animales; y que no se pone en un plan ecologista, sino que plantea (o al menos eso es lo que deduzco yo) la calidad de la miseria humana y la hipocresía que cargamos todos en nuestro haber.

Palito me comenta que precisamente hoy estuvo rondándole durante el día la idea de que todo es una mierda, el mundo, la gente, todos nosotros... y que no es por nada en especial, que quizás es porque estuvo engripado y ve las cosas con lentes negros por un tema físico que lo incomoda y lo hace poner pesimista.

Casualmente yo esa misma mañana experimenté algo parecido, pero como en la emad uno cambia de ánimo muy fácilmente, cuando llegué a casa después de haber buscado a Cuqui en el jardín y me puse a jugar con ella, la vida ya me parecía maravillosa otra vez.

Pero ahora sentada en ese sillón, con la tele en frente, cenando pollo, habiendo leído sobre la crueldad con los animales, y acordándome del comentario de la flaca y la respuesta que le puse, tengo un sabor amargo, me siento egoísta, superficial, pienso que trivializo las cosas importantes, que a todo necesito encontrarle la veta humorística para que me caiga bien, y que no pienso en los demás seres humanos y sus situaciones (Esto no es real. Sé que no es así. Pero en este momento baja de esa manera, como un tornado que me quema el alma).
Ojeo las olimpíadas que están mostrando en la tele, y me da una bronca enorme. Me pongo a pensar como el mundo puede dedicarse a mostrar toda esa fantochada, que dónde está el sentido de tremenda inversión, cuando en realidad están tapando con esa pantalla estúpida de colores y alegría, millones de problemas verdaderos, la gente se muere de hambre literalmente, en tantos lados, y entonces cómo es que podemos darle bola a todas las demás imbecilidades que nos imponen ¡y no hacemos absolutamente nada por nadie! (Sé que es un lugar común, que todos en algún momento pensamos en eso, pero quiero ser fiel a los sentimientos de anoche. Eran esos. De pedo no lloré por la paz mundial y lo poco que puedo hacer yo al respecto).
Acabamos esta cena con la conclusión de que es verdad, somos una peste; el ser humano por naturaleza es egoísta y no hay vuelta que darle. De a uno y en grupo. Todos.

Por suerte después de un rato surge el tema de la música, Palito empieza con las anécdotas y su maravilloso modo de contarlas que me hacen cagar de risa, y todo el otro tema "inconcluso, indefinido e importante" va pasando a un segundo plano. (Bendito sea el arte y benditos sean los artistas. No me cansaré nunca de decirlo). Entonces nos sumergimos aún más en nuestro propio mundo cotidiano e individualista, tan ameno, tan bonito, empezamos a reírnos, como siempre, (porque como le decía en el comentario que le contestaba a la flaca, yo me las he ingeniado para que mi vida me resulte interesante, pero además me he sabido rodear de la gente correcta, a la que considero sumamente interesante y que me impulsa en el día a día para que me encante vivir).
Pero en esta ocasión, por suerte, no me engaño, porque no se evapora todo el rollo como por arte de magia. Queda ahí, rondando, machacando la mente.

Y acá me veo, a las cuatro de la mañana desvelada y tirando la porquería sobre este papel virtual, que tanto me alivia el alma y que es un privilegio que yo tengo pero que la mayoría de las personas no, porque no pueden acceder a él, porque el mundo está mal hecho, por culpa de los que no hacemos nada, que somos prácticamente todos, porque nos dedicamos casi exclusivamente a tratar de ser felices y hacer felices a las pocas personas que queremos y que realmente nos importan.