sábado, 7 de febrero de 2009

Lo contrario de un fracaso

Hace algunos días vi lo que yo llamaría, un éxito rotundo: "La omisión de la familia Coleman". No porque haya colmado un teatro durante cuatro noches consecutivas, no porque entre los espectadores se encontraran un montón de celebridades uruguayas, no porque se hubiera venido abajo por los aplausos cuando finalizó cada una de las funciones. Todo esto sucedió, es verdad. Pero lo que realmente capturó mi atención, además de la maravillosa obra en sí misma, fue que la mitad del público lloraba a moco tendido mientras la otra mitad se cagaba de risa. Simultáneamente. No había nadie en estado neutro.
Para mi gusto, esto sólo puede ser logrado por un alma ingobernable.
Chapeau por Claudio Tolcachir.

3 comentarios:

Susana Peiró dijo...

Bueno Amiga, por aquí, la obra no estuvo. Eso sí, cuando se produce semejante terremoto de emociones, y nadie queda indiferente...se llama Éxito, sin lugar a dudas.

Besitos cielo!!!

The Bug dijo...

Este parece ser el tipo de milagro que no se descubre simplemente por el ruido de los aplausos.

andal13 dijo...

Yo lloré de risa durante toda la obra; a mi lado, un señor mayor parecía petrificado.