A veces uno se pregunta por qué lo hizo. Por qué dio ese paso hacia adelante, en vez de simplemente recular y seguir con su vida como si nada hubiera pasado. Y no hay una respuesta. En determinados momentos se actúa, sin meditarlo antes. Menos mal. Porque si el día que escuché a la solista llorando cuando pasé por el pasillo del camarín, hubiera simplemente seguido de largo, retrocedido, o pensado dos segundos al respecto y por lo tanto huido despavoridamente, me hubiera perdido de conocer esta historia.
La puerta estaba entornada, y faltaban cuatro horas para que empezara el concierto. El día anterior había habido una especie de obra danza-teatro, y los actores-bailarines (que eran un montón) habían pedido que se les subieran programas por doquier, que por supuesto habían dejado "tirados por cualquier lado, porque los artistas son así" decían las señoras de la limpieza. Así que yo con mi vieja y querida manía de guardar algún recuerdo sobre cada cosa, subí con esperanzas de que efectivamente hubiera quedado alguno olvidado y me lo pudiera llevar a casa.
Mientras ascendía por las escaleras no noté nada extraño, pero en cuanto doblé por el primer pasillo, la escuché. No sabía quien era y lo primero que pensé fue en alguna limpiadora, ya que siendo tan temprano, era extraño encontrar a alguien del rubro artístico o de utilería dentro de los alrededores del teatro. O sea, lo último que me imaginé fue que fuera la concertista.
Al principio ni se me ocurrió entrometerme en aquel avatar, dios nos libre. Pero en un momento, en el cual sentí que el llanto se había interrumpido y decidí seguir mi rumbo por el corredor para llegar a donde yo quería ir fingiendo que nada sucedía... pasé por la puerta (obviamente evitando ojear hacia adentro) y la mujer se desbocó nuevamente. Si bien podría haber acelerado el paso y seguir disimulando, frené, desvié los ojos hacia el interior del camarín y vi que me miraba, con cara de ternero degollado. Estaba sentada arriba de una valija, con las manos en las mejillas, las piernas flexionadas, y las rodillas contra el pecho. Se tapó los ojos con los dedos y siguió llorando. Ya no había modo de no averiguar si necesitaba algo. Entonces hice la típica tonta y absurda pregunta:
- "¿Todo bien?"
-No
Y ahí me quedé, paradita, sin saber qué carancho hacer o decir... Ella seguía inmiscuida en su mar de lágrimas, con la cara metida entre las manos y las rodillas, y ahora empezaba a balancearse un poco de lado a lado, pero al menos ya no hacía tanto ruido.
Por la indumentaria que había tirada por todo el piso, me pude dar cuenta de que se trataba de una artista y no de alguien de maquinaria o mantenimiento: una carpeta abierta con partituras, ropa desperdigada, un "necessaire" con los maquillajes desparramados alrededor, una latita de cerveza, otra de coca, una botella de agua sin gas de medio litro y varios envoltorios de bombones arriba de una silla. Esta persona estaba como en casa.
Cuando ya estaba pensando en decirle "bueno, cualquier cosa si necesitás algo avisame, ando por acá en la vuelta" y salir corriendo, empezó a hablar; y a partir de ahí todo fue más sencillo, ya que ella no esperaba respuesta alguna sobre lo que iba a decirme.
- No te vayas, alguien tiene que avisar que no voy a tocar. No puedo.
-Bueno, si se siente mal se suspende y listo, no sería la primera vez. Está en todo su derecho, se le devuelve el importe de la entrada a los espectadores y se acaba el problema.
(A ver, esto no es ni por casualidad así de fácil; es decir, es una reverenda cagada (hay que soportar un millón de contratiempos y personas muy enojadas tanto de dentro como de fuera del teatro); pero yo pretendía aliviananar el mal trago lo antes posible, por lo menos hasta que la situación pasara a oidos de alguna persona más pertinente que yo para el asunto)
-Es que la única condición que yo pongo para los conciertos es que sean con mi piano. Y el embarque en el que venía desde Barcelona se rompió. No va a llegar a tiempo.
Ahí empezó otra vez a llorar con más fuerza, y atiné a decirle que en el Sodre había dos pianos, uno blanco y otro negro, de muy buena calidad, que sonaban bárbaro.
Pero ni me escuchó. Empezó a contarme que el motivo por el cual ella se había dedicado a tocar el piano, era porque había estado muchos años en un romance secreto con un pianista, el mejor amigo de su padre. Cuando estaban a punto de casarse y contarle al mundo su gran historia de amor, el hombre había fallecido en un accidente de avión. Desde ese día ella en su honor había empezado a tomar lecciones de música, haciéndose la promesa a sí misma de que recorrería el mundo interpretando las melodías de su amante, con el elemento más preciado por los dos, aquel piano de cola que en su momento los había unido y que el músico había heredado de varias generaciones familiares. Y sin esta especie de amuleto que la llevaba a la conexión con el alma de ese señor, esta noche el concierto no tendría el menor sentido para ella, por lo que no podía enfrentarlo. Era incapaz de sentarse y tocar frente a cientos de personas, sin el apoyo moral de ese elemento que tanto significaba para ella y para su carrera.
Obviamente yo no iba a ponerme a opinar esotéricamente sobre que seguramente el novio la apoyaba desde el más allá, tocara con el instrumento que fuera; pimero porque no sé qué tanto puedo decir sobre estos temas, y menos aún porque la mujer estaba en un ataque de angustia demasiado serio como para que yo payara al respecto de algo tan delicado.
Me contó que se había escapado del hotel para no tener que soportar más a su productora (quien al parecer estaba el doble de histérica que ella con todo este asunto del retraso del embarque), y que no conocía nada de nuestra ciudad, salvo la dirección del teatro, donde decidió reclutarse a pensar, porque sospechó que nadie la molestaría por un rato ya que creerían que estaría ensayando. Y además porque quería a toda costa buscar la manera de informar personalmente que el espectáculo no se efectuaría, ya que la manager no se convencería hasta último momento sobre esta decisión, tratando de persuadirla durante toda la tarde para que tocara de todos modos; lo cual multiplicaría ampliamente su pesar.
Esa noche aprendí que cuando algo se suspende repentinamente por "motivos personales de fuerza mayor", las posibilidades son bastante más amplias que por ejemplo Charly olvidándose de traer su documento de identidad y quedando varado en la aduana, o un ataque al hígado por parte del protagonista de algún show.
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12 comentarios:
:) Ojalá que a "alguien" nunca se le de por pasar por acá ¿no? jiji.
Pd: Qué lindo lo que me decís. És una sensación increible poder influir en el ánimo de alguien, con una historia.
Besos y mañana te hago el aguante. Pensá que al menos no hay fucking fiesta teatrera de sábados, sino todo sería ampliamente peor ;)
La historia de la concertista es maravillosa.
Y además me encanta como queda inserta en tu relato.
Gracias por compartirla.
Tenés una narrativa fluida y cuidada, con detalles pero que no aburre. Y es como decís en el final, a veces uno ve el cartelito de suspensión y piensa que es por alguna boludez.
Una historia genial que nos demuestra lo que ya sabemos: los sentimientos son la mierda.
Saludos!
K
Bug, una alegría y un honor sus palabras. Gracias
K, dame un ratito que me caí desmayada ;)
Es cierto, Vachi.
:(
Chau
:) No te preocupes, nunca vino! Bueno, si te sentís mejor así, adelante, pero no me gusta que borres los comments, ya sabés que me gusta conservar todo ;)
¡Otra que fuerza mayor...!
Tremenda historia, Vachi.
Una gran Historia Vachi!
Por lo general detrás de una decisión que a nosotros nos puede parecer antojadiza, hay motivos no tan simples de explicar.
Sobre todo si los involucrados son artistas, ellos viven con la sensibilidad que alimenta su arte...pero a veces les complica la vida.
Gracias por compartir esta historia!
Besitos Amiga!
Gracias por dejarnos disfrutar de tremenda pasión, en una narrativa tan buena.
Me quedo con una frase de SUSANA:
"Sobre todo si los involucrados son artistas, ellos viven con la sensibilidad que alimenta su arte...pero a veces les complica la vida."
Y esto es tal cual.(te lo dice alguien que está en el tema).
Pero Vachi!!!, hubieras elegido otro instrumento para tu cuento!.
Mirá que para el que está en la cosa, es difícil de creer el viajar de un lado para el otro, un piano!. Hasta un contrabajo viaja. Pero un piano!!!Jajajaja
Vachi: hoy te hubiera dado la sorpresa de ir a la Brunet, sabía de ese concierto y me hubiera encantado ir a verlos.Pero nada pudo ser más importante que el cumpleaños de 18 de mi hijo.Otra vez será.
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